Leoncia, Cáceres

Con pocos años, Leoncia llegó a la capital y empezó a ganarse la vida como sirvienta en la casa de un conocido abogado de la ciudad, a escasos metros de la estatua que, en la actualidad, la recuerda en la Plaza de San Juan. Leoncia trabajó para aquella familia durante cincuenta años, toda una vida. Germán Sellers de Paz, director del diario por aquella época, propuso al abogado para quien trabajaba la de Valencia de Alcántara que ésta vendiera ejemplares del periódico por las calles. Leoncia aceptó y se inició su etapa como pregonera por  la ciudad.

Seguro que la humilde mujer jamás pensó que terminaría convirtiéndose en símbolo de Cáceres, pero así ocurrió. Durante casi una década, voceó el periódico a los cuatro vientos, contando sus noticias y mostrando sus fotos. El destino le regaló un novio portugués, de Espinho, aunque la historia no fructificó. Con 74 años, conoció al amor de su vida en la Residencia de Cervantes. Contrajeron matrimonio y viajaron a Benidorm en su luna de miel.

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